Había un loco en una calesita, casi desnudo y con la vista enferma. Y daba vueltas y se sonreía y silbaba bajo por no molestar y Dios es una máquina de humo. Nunca conoció a Gardel, sólo a Hendrix y a Tanguito. Se empezó a cansar y así probó algunas pastillas. Se volvió a cansar y no paró hasta ver la heroína.