Está bien ser orgulloso, pero cuando nos encontramos con el exceso, debemos ponerle un límite y saber tirar el orgullo cuando corresponda, en el momento preciso e indicado. Porque a veces hay que cortarla con la soberbia y el ego personal, sino las relaciones {no sólo amorosas} se hunden en la nada misma y quedan totalmente a la deriva.