Guiarme por sus palabras
fue mi triste perdición,
perderme en sus miradas
me hizo recordar que no soy nada.
Se me acabó el arrancarme la piel por el dolor
necesitaba en mi vida un poco de calor,
caen las hojas como cayeron mis sueños
resbalando ante mis ojos, huyendo de mis dedos
no pienso ni siento, no actuo ni miento. (*)